Santiago Quiñones (“Blue Bloods”) en el Shooting Locations Marketplace: "Como productor, lo que busco es variedad en un solo país"
- por © CGG-PRODUCCIONLATINA.com
Santiago Quiñones llegó a Valladolid con la curiosidad de quien vuelve a mirar un mapa desde otro ángulo. Estadounidense de ascendencia dominicana, lleva décadas moviéndose entre rodajes que cruzan fronteras, idiomas y climas. En el Shooting Locations Marketplace, un encuentro que reúne a profesionales del cine con oficinas de rodajes y comisiones de todo el mundo, su propósito no era vender ni firmar acuerdos inmediatos. Venía, más bien, a mirar. “Me interesa primero España, conocer España, un poco mejor. He venido aquí por placer, pero nunca por negocios”, dice a NOTICINE.com. Esta vez lo hace con una mirada más profesional: quiere saber qué ofrece el país y cómo encajan sus paisajes, su infraestructura y sus incentivos en el engranaje global de la producción audiovisual.
Quiñones, que empezó su carrera como location manager, asegura que nunca ha abandonado esa faceta. “Todavía uso eso, lo que he aprendido, cuando estoy produciendo. Soy uno de esos productores que siempre está muy involucrado en el proceso”. Lo dice con la serenidad de quien conoce los ritmos de una industria en la que los días se cuentan por amaneceres de rodaje. Aun así, sonríe cuando se le pregunta si dos jornadas bastan para un evento como este. “Creo que mi memoria no va a dar para más de ahí”, bromea, aunque matiza: “Dos días es poco. Hay mucho que aprender. Me gustaría pasar una hora con alguien, conociéndolo. Creo que la presentación sería mejor con más tiempo cara a cara”.
Lo que busca no son solo contactos, sino contexto. Quiere entender cómo funcionan las Film Commissions españolas, qué pueden ofrecerle a una producción internacional. “Por lo que veo, el crew, todos los que trabajan en cine, se conocen, conocen mucho. También aquí hay buena infraestructura. Hay aeropuertos, camiones... lo encuentro muy accesible”. Lo dice con una mezcla de observación técnica y cierta admiración práctica. Aunque no ha rodado todavía en España, ya vislumbra sus posibilidades. “Sé que hay muchos lugares que tienen la misma geografía que hay aquí, que son muy difíciles de trabajar porque no tienen infraestructura. Aquí, en cambio, la hay”.
Mientras recorre los pasillos del evento, va haciendo una lista mental de lo que le gustaría encontrar. “Me gustaría conocer visualmente lo que ofrece el país. Me refiero a cinematográficamente. Paisajes, ciudades urbanas. Y carreteras y cosas así, para ver si hay variedad”. Su forma de mirar un territorio está marcada por la lógica del rodaje: piensa en traslados, en horas de luz, en lo que se puede filmar en un mismo día sin cambiar de base. “Cuando uno está haciendo una serie de televisión, es bueno moverse rápidamente por diferentes escenarios en un día”, dice, como si hablara más con el instinto que con la razón.
No descarta volver pronto. “Todavía no”, responde cuando se le pregunta si tiene algo previsto en España, “pero sí le puedo decir que he hablado con alguien, no le puedo dar detalles, porque todavía es una serie con una compañía grande”. Lo que sí adelanta es la ambientación: “Tiene que ver con el pasado, de época. Entonces necesitaríamos montañas, desierto… no sé si hay aquí desierto todavía, me imagino que hay… sierras, cosas así”. Habla con la seguridad de quien mide los países por sus relieves y no por sus fronteras. “Para mí como productor eso es lo que busco: la variedad. Poder estar en un país y no tener que moverme al otro, porque es muy complicado algunas veces con visas y todo”.
Su trayectoria le ha llevado por los lugares más diversos. Pasó quince años vinculado a la serie “Blue Bloods”, con Tom Selleck, diez de ellos como productor. Antes de eso, trabajó en “The Revenant”, cuando el rodaje tuvo que trasladarse a Argentina en busca de nieve. “Cuando se acabó la nieve en Canadá, me llamaron a mí, fui a Argentina y busqué la nieve porque en el hemisferio sur empezaba el invierno”, recuerda. Su carrera está marcada por desplazamientos que suenan casi como un mapa de rodajes global: México, Sudáfrica, República Dominicana, Brasil. Entre sus créditos figuran títulos como “Safe House”, “Elf”, “You’ve Got Mail”, “The Good Shepherd” y “The Incredible Hulk”. De todos guarda una huella, aunque confiesa que las películas difíciles son las que más le acompañan con el paso del tiempo. “Cada vez que una película es muy difícil, la recuerdo con más nostalgia, aunque no sé por qué”, dice.
Esa nostalgia es también el hilo que une su relato. Habla de los rodajes como si fueran vidas paralelas, lugares donde deja algo de sí. “En Colombia, por ejemplo, hice una película que se llama ‘El amor en los tiempos del cólera’, y ahí como que dejé mi corazón con esa gente tan amable”, confiesa. En su memoria, cada rodaje tiene un eco de afecto y esfuerzo. Pero más allá de las diferencias culturales o de idioma, asegura que hay un lenguaje común en el cine. “Trabajé en Río de Janeiro, ahí no conocía la lengua portuguesa. Y todos los días leía el periódico, oía las noticias, hablaba con los choferes para aprender el lenguaje… Y creo que al cabo de unos meses ya conocía lo que estaban hablando sobre el rodaje, porque tenemos una lengua, el rodaje”.
En ese idioma universal que se habla en los platós, reconoce palabras que no necesitan traducción: “Si uno dice Steadycam, ya todo el mundo entiende lo que es un Steadycam”. Lo que más le impresiona, asegura, es “el orgullo de poder hacer el rodaje y la película ante cualquier dificultad”. Y resume su fe en ese espíritu compartido: “El corazón del crew, la fuerza, la sabiduría… eso todo lo encuentro universal”.
Al final de la conversación, su tono se vuelve más introspectivo. Admite que hay momentos de duda, días en que se pregunta por qué eligió este oficio. “Hay veces que digo, ¿por qué estoy haciendo esto con mi vida? ¿Quién me habrá mandado? Porque es tan difícil, ¿sabes? Algunas veces es tan difícil y uno se encuentra solo cuando está así, viajando, enfrentándose a problemas”. Pero incluso en esas horas de incertidumbre encuentra un sentido. “Siempre se resuelve”, dice, como quien repite una certeza que la experiencia ha probado más de una vez. Luego añade, casi en voz baja: “Con el paso del tiempo se acumula la experiencia y los recuerdos, y surge la nostalgia. Y la nostalgia que siento es a veces igual de intensa que el dolor”.
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